A partir de 1970, ocurrieron varios acontecimientos en la lingüística que cuestionaron el paradigma generativo-transformacional de Chomsky. El más importante es la presuposición de que la gramática de una lengua debe dar cuenta no sólo de las oraciones
realizadas mediante las emisiones de hablantes nativos, sino también de
las relaciones entre oraciones, o sea de los textos enteros subyacentes
a estas emisiones. También en la pragmática y en la sociolingüística se
intensificaron las observaciones del verdadero uso de la lengua
(incluyendo la variación social y dialectal), y que la lengua en uso
debe estudiarse también en términos de actos de habla.